El nuevo
presidente cántabro D. Ignacio Diego, acaba de hacer unas
declaraciones en las que califica la situación económica de
Cantabria como de tierra quemada. O sea, que alguien le prendió
fuego. ¿O sería algún cortacircuito el culpable? Es que algunas
veces las tormentas son tan violentas que hacen daño. Mucho
daño. En este caso fue muy grande, porque duró mucho tiempo. Era
interminable. Pero como dice nuestro refranero, no hay bien que
cien años dure ni mal que nunca se acabe.
Como todos
sabemos o creemos saber porque alguien nos lo ha contado, el
presidente saliente apoyó con todas sus fuerzas, la separación
de la FCB de la Nacional. Es que el populismo trae muchas cosas
con las que nadie suponía que podría ser así, pero que fue
porque en nuestro pais las cosas se hacen como se hacen y
quienes las hacen en ocasiones se creen que son dioses apolos,
extraterrestres o algo parecido, pero, eso si, sin contar con
quienes deciden porque son los auténticos dueños del cotarro,
los ciudadanos, porque si cuentan con ellos tal vez no pudieran
hacer en la mayoría de las ocasiones, sus fechorías.
Y viene esto a
cuento porque, afortunadamente, ya el ex presidente de Cantabria
esperando que sea ya para siempre el ex, porque volver a las
andadas sería ya el colmo, ya no puede seguir apoyando el
separatismo bolístico y solo lo puede hacer desde el bando
aficionado, o sea, sin voz y sin voto, como lo hacen los
aficionados, porque da lo mismo que opinemos de una forma que de
otra porque nadie nos escucha, y como consecuencia de ello, las
arcas federativas van a sufrir un poco la tempestad originada
por una mala gestión.
Como ahora está
todo quemado, porque para dejarlo al sucesor quiso dejarlo todo
quemado para fastidiar, no al nuevo presidente, sino a los
ciudadanos cántabros, pues lógicamente ahora y con buen
criterio, el nuevo presidente dejará la subvención para mejores
momentos, porque si no lo hace, entonces no le podremos creer
eso de "tierra quemada".
Y si ello es
así, no es muy difícil suponer que la FCB tendrá que ponerse a
trabajar moviendo el esqueleto a buen ritmo, para
equilibrar la balanza porque, de momento, se presenta negativa.
Todo lo que
pasó no es que sea un error, que lo fue, no es que sea un
capricho, que lo fue, sino que fue el resultado de una
meridianamente clara acción antidemocrática y
manifiestamente rechazable por lo injusta, presumida, egoista y
prepotente. ¿Que la APEBOL fue la que, prepotentemente, inició
las deliberaciones que a posteriori se vieron respaldadas por
los demás votantes que cayeron en la trampa lastimosamente y que
al ver el respalgo del Gobierno de Cantabria se enloquecieron y
decidieron la separación? Ello no es lo suficientemente
justo y equitativo como para llevar a cabo una acción
francamente rechazable y en la que solamente cabía la
posibilidad de luchar por cambiar las reglas del juego, si es
que creían que estas no eran lo suficientemente democráticas y
pensaban que estaban hechas para castigar a los bolistas
cántabros.
Así pues, que
alguien como su sucesor diga que Cantabria es tierra quemada,
viene ello a confirmar lo que nosotros nos temíamos y que ahora
nos sirve para decirle: ¡Sr. Revilla, si bajó de la montaña a
presidir Cantabria, que no lo volvamos a ver por estos lares jamás! Buen viaje. Y si llega a escribir sus memorias, sea
en la cabaña o en la capital, por favor, no nos cuente milongas.
Argomal.